Hace aproximadamente 6 años, es
decir, en el 2009, viajé a Aveiro en Portugal con mi familia. En el centro de
la ciudad hay un hotel Meliá.
Un día mis padres decidieron pasar la tarde en
el spa de este hotel. Aquel día todos madrugamos, mis padres tenían que dejar
la comida hecha y mi hermano y yo madrugamos por el hecho de que estábamos ansiosos
de ir. Mi madre nos mandó sacar los bañadores y las toallas y meter todo aquello
en la bolsa de deporte. Después organizamos la casa, nos vestimos y aseamos y
partimos hacia el hotel.
Cuando llegué me sorprendió mucho. Había
piscinas grandes, pequeñas, frías, exteriores, climatizadas, un jacuzzi, y
saunas. Mi padre nos llevó a la sauna un par de veces y el resto del tiempo estuvimos
nadando. Mi hermano y yo estábamos muy
entretenidos, pero nos acabamos cansando de todo aquello y empezamos a jugar al
escondite. Unas veces nos escondíamos en las piscinas otras en los baños. Hubo
un momento en el que mi madre se despistó y decidí entrar yo sola a la sauna,
que en ese momento estaba vacía. Junto a las brasas había varios recipientes de
madera con sus respectivas cucharas para echar el agua sobre las brasas. Todos
los recipientes estaban completamente vacíos menos uno, en el que quedaba una
pizquita de agua, yo quería echar ese poquito de agua pero la cuchara era
demasiado gruesa y no conseguía coger el agua con esa cuchara, entonces, decidí
inclinar el recipiente sobre las brasas, el vapor empezó rápidamente y yo seguía
con mi mano sobre las brasas intentando vaciar el recipiente por completo
cuando quise darme cuenta la parte derecha de mi mano izquierda estaba
completamente inflamada, roja y quemada. Cuando entró mi hermano le conté lo
ocurrido y los dos pensamos que si le contaba a mi madre lo ocurrido se
enfadaría. Por eso corrí al baño y me intenté dar agua pero en ningún grifo
salía agua fría, después decidí ir a la piscina y meter allí la mano pero el
agua no estaba fria y la quemadura me dolía mucho más por haberla mojado con
agua caliente. Pero mi madre se dio cuenta de que estábamos haciendo algo raro
y acabamos contándole todo.
El primer sitio al que acudimos
para curarme la mano fue al recepcionista del hotel para que nos proporcionara algo
de agua fría y algo para curarme pero no tenían nada para quemaduras. Por ello
fuimos corriendo todos a los baños y nos vestimos rápidamente para cocer el coche
e ir en busca de una farmacia. Un señor nos indicó donde encontrar una y allí
compramos una pomada que me alivió un poco el dolor. Al ver que la quemadura
estaba muy fea decidimos llamar a mi tía que es médico y ella nos dijo que
tendría que acudir a un centro de salud para que me lo vieran y que me lo
curasen. Le hicimos caso y fuimos al centro, no tuvimos que esperar mucho, el
poco rato que estuvimos en la sala de espera coincidimos con una vecina y
estuvimos con ella, cuando entré con el médico se quedó muy sorprendido al ver
que siendo tan pequeñita no lloraba por tener aquella quemadura. El médico me
volvió a curar la herida, me aplicó otra
pomada y me vendó la mano.
Esté mal día acabó cuando llegué a casa caí redonda en mi cama y
dormí una larga siesta. Con esta no muy agradable anécdota he aprendido a no
meter las manos donde no debo.
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